La Casa del Encuentro está inspirada en el dispositivo interdisciplinario francés conocido como La Casa Verde (Maison Verte).

En 1979 un grupo de psicoanalistas y educadores se reúne para dar vida a un espacio abierto a los niños, niñas y sus cuidadores con la finalidad de promover la socialización temprana y prevenir las angustias y ansiedades propias de los tiempos de la crianza.

Este grupo de profesionales, encabezado por la psicoanalista Francoise Dolto, consideraba valioso y necesario contar con espacios comunitarios donde los niños y sus cuidadores puedan compartir y resolver junto a otros las inquietudes propias de la transición entre la familia y otros espacios sociales como el jardín infantil o escuela.

Es por esta razón que Françoise Dolto señalaba que en este espacio de intercambio corporal, afectivo y verbal que sucede en Casa Verde, es un modo de prevención de sufrimientos innecesarios, que de ser puestos en relación a la palabra que establece o re-establece el vínculo humano del niño con el conocimiento de sí mismo y del mundo que rodea, permite que el niño o niña perciba que lo intentan comprender y ayudarlo a que se comprenda.

Se busca de este modo, ofrecer un lugar de transición para preparar los procesos de separación temprana entre los niños y sus cuidadores que, si bien son necesarios y esenciales para su desarrollo, pueden significar angustias o ansiedades muchas veces difíciles de entender y manejar, traduciéndose en posteriores dificultades de aprendizaje.

El fundamento de lo anterior se basa a partir de las investigaciones que Françoise Dolto realizaba en su trabajo con niños sobre sus dificultades escolares:

“Creíamos que estas perturbaciones provenían del lenguaje. Esta es la idea que teníamos. Creíamos que para paliar esos traumas, a fin que no se agravaran, necesitábamos un lugar donde los padres concurrieran con sus niños, sin necesidad de considerar por adelantado ningún síntoma; en ese lugar se requería un personal calificado, por ser distinto cada día, cuyo rol sería el de crear un clima favorable para la comunicación, el desarrollo espontáneo del ser humano que es sociable por naturaleza.” Françoise Dolto.

Disponer de un lugar cuyo espacio sea abierto a lo cotidiano, que no cuenta con talleres ni programas y donde sin pedir hora previa quienes desean ir lo pueden hacer, permite dar acogida a los tiempos de la crianza en un ambiente abierto al juego, a la palabra, a descansar, compartir, ser escuchados y estar con otros.